Hoy me he vuelto a pillar comparando mi vida con la de otros. Sin darle mucha importancia en el momento, como algo automático, de esos gestos que haces casi sin darte cuenta.
Me pasa sobre todo cuando estoy más cansada o un poco desconectada de mí. No llega como algo dramático, pero sí como una sensación rara, como si me saliera un momento de mi sitio y mirara desde fuera.
La envidia, cuando la miro con un poco de cariño (porque a veces no queda otra), no siempre es envidia como tal. A veces es solo un “esto me gustaría a mí también”, pero dicho desde un lugar un poco despistado, sin mucha conciencia todavía.
Y me doy cuenta de que va cambiando según el día. Un día me fijo en una cosa, otro día en otra. Y eso me hace pensar que no estoy viendo tanto a la otra persona, sino partes de mí que están pidiendo un poco de atención, como tocando en la puerta bajito.
No siempre me doy cuenta al momento. A veces ya estoy dentro de la comparación sin haber pedido entrada. Pero luego, cuando paro un segundo, todo se suaviza bastante.
También me ayuda recordarme algo que se me olvida con facilidad: lo que veo en los demás no es una medida. Es solo una escena. Y mi mente, que es muy creativa, ya se encarga de hacer con eso una película entera.
Es curioso, porque esto es muy humano. No lo digo como algo malo, más bien como algo que nos pasa a todos en algún momento, aunque cada uno lo viva a su manera.
Esta entrada nace un poco de lo que también fue apareciendo en el vídeo con el mismo nombre, 👉 La Alquimia de la Envidia y la Comparación. aunque aquí lo dejo más en lo cotidiano, en lo que pasa sin que lo llames, en lo que se cuela mientras estás viviendo tu vida normal.
Últimamente intento no pelearme con esto. Más bien mirarlo con cierta ternura, como diciendo: “vale, te he visto… puedes sentarte un momento, pero sin hacer mucho lío”.
Y poco a poco voy viendo algo más claro: no va tanto de ser como otros, sino de ir reconociendo qué cosas se me están despertando a mí.
No tengo ninguna gran conclusión. Solo esto: que cuando dejo de pelearme con la comparación, todo dentro se afloja un poco. Como cuando algo que no habías notado deja de apretar.
Y sigo en ello. Volviendo a mí cuando me acuerdo, con paciencia, y con bastante más cariño del que me salía antes.
