Esto ocurrió en febrero de 2020, aproximadamente un mes antes del confinamiento.
Había terminado de trabajar y me senté tranquilamente a hacer una meditación, como tantas otras veces. Mi cuerpo estaba completamente consciente y presente en la butaca, en un estado normal, relajado, de final del día.
En ese momento comenzó una experiencia de percepción que no se dio como sueño ni como visualización voluntaria, sino como un cambio de estado de conciencia mientras seguía plenamente despierta.
Y entonces apareció Adonai.
Así fue como se presentó.
Tenía el cabello largo y blanco, vestía una túnica en tonos beige y a su lado flotaba un báculo que no sostenía con las manos, sino que permanecía suspendido como si tuviera su propia presencia.
Su energía era muy clara: calma, confianza y ausencia total de amenaza.
Sin necesidad de muchas palabras, me invitó a seguirle.
Delante de nosotros apareció un pasadizo cuadrado, con paredes en tonos dorados y tierra, como un corredor de luz sólida.
Caminamos a través de él hasta llegar al final.
Y allí, la percepción cambió por completo.
La sensación era como estar en el borde de un gran vacío abierto hacia una ciudad intraterrena inmensa, luminosa y viva.
En ese momento comprendí que aquel lugar se llamaba Isidris, era un lugar de 5º dimensión en lo que algunos llaman "la tierra hueca".
Lo primero que percibí fue una música pulsante, como un latido profundo que no se escuchaba solo con el oído, sino que se sentía en el cuerpo.
Era como si miles de corazones vibraran al mismo tiempo, creando una única frecuencia, como la música de un único corazón. Ahí miré a Adonai y el me sonrió con sus ojos...... era impresionante la conexión y reconocimiento de esa energia.
Esa experiencia se quedó profundamente registrada en mí, con una sensación muy clara de unidad y conexión entre todo.
Desde ese punto comenzó la vivencia dentro de Isidris
Cómo se vivía en Isidris (5º dimension)
Una vez dentro, lo primero que percibí es que todo funcionaba de una forma muy diferente a lo que conocemos aquí.
No había sensación de tensión, ni de prisa, ni de esfuerzo forzado.
Las cosas simplemente ocurrían de forma natural, como si cada acción estuviera en su sitio sin necesidad de presión.
La relación entre los seres era muy distinta a la que vivimos en la superficie. No se percibía competencia ni comparación. No había esa sensación de “uno es más que otro” o “uno está por encima”.Cuando se encontraban, había reconocimiento, pero sin juicio.
Los animales convivían de una forma muy sorprendente. Aquí, en nuestro mundo, los asociamos a la idea de depredación o supervivencia. Allí no se percibía esa dinámica. Había convivencia en el mismo espacio sin esa tensión de caza o miedo. Juntos carnívoros... herbívoros.
Las plantas también se sentían muy diferentes. No eran solo elementos del paisaje. Se percibían vivas, con una especie de sensibilidad y extremidades similares a manos y piernas. Algunas reaccionaban suavemente a la presencia, como con reconocimiento y sonrisa....... No se sentían como algo “para usar”, sino como parte del mismo sistema vivo.
La forma de obtener alimento tampoco se sentía como algo agresivo o de consumo en el sentido que conocemos aquí. Había zonas de cultivo, que no llegué a ver con claridad que tipo de alimento era, como plantas también pero con otra textura..... y la energía que se percibía no era de extracción de que unos tienen que morir para sobrevivir otros, sino de equilibrio y colaboración con el entorno.
En cuanto a la organización de todo lo que ocurría allí, no había sensación de jerarquías como las entendemos aquí. No se percibía que alguien mandara sobre otro. Más bien cada uno parecía actuar desde una coherencia interna, como si supiera su lugar sin necesidad de imposición.
Y lo más importante de todo no era lo que veía, sino lo que se sentía constantemente:
una sensación de unión.
No había separación real entre los seres, ni entre ellos y el entorno.
Todo formaba parte de algo más amplio, más conectado.
Esferas, desplazamientos y capas de realidad
Dentro de Isidris no existía la sensación de estar en un único nivel cerrado. Era más bien como estar en una base desde la que podías acceder a otros planos.
Lo primero que percibí fueron unas estructuras que podrían describirse como esferas o burbujas energéticas. No eran objetos físicos. Se sentían como puntos de acceso a otros estados de la realidad.
El desplazamiento no requería caminar ni seguir un recorrido. Era inmediato. Más que “entrar”, era como si la conciencia cambiara de estado y el entorno se reorganizara alrededor. A veces la sensación era como estar en el aire. Otras veces como entrar en el agua. Todo con una sensación muy real, envolvente, sin transición intermedia.
El acceso no era un gesto técnico. Era más bien una intención consciente, como cuando algo responde de forma natural al contacto. También se me mostró algo más amplio: no había un solo nivel de existencia, sino varias capas coexistiendo.
Desde Isidris (quinta dimensión intraterrena), se percibía una capa intermedia donde estaban los elementales, duendes, unicornios y otras formas de conciencia vinculadas al entorno. Y por encima de esa capa intermedia estaba la superficie terrestre, donde vivimos como seres humanos en la tercera dimensión.
La percepción no era de separación absoluta, sino de coexistencia de planos. Como si todos estuvieran presentes al mismo tiempo, pero con distintas densidades de realidad.
También se percibían lo que sentía como flujos de luz o “geisers de información”, que conectaban las dimensiones entre sí. A través de ellos había intercambio constante de información entre Isidris y la superficie terrestre.
Y también se percibían movimientos organizados entre planos, como descensos hacia la tercera dimensión. Veía una especie de naves pero como en holográmas, las cuales se desplazaban hacia otros sistemas, aparecían y desaparecían como por arte de magia... como formas de desplazamiento energético o consciente dentro de ese sistema.
Todo esto estaba atravesado por una sensación constante de conexión total entre todo lo existente.
El mensaje y el momento previo al cambio
Durante la experiencia se me mostró que todo esto estaba conectado con un momento concreto de la Tierra: Febrero de 2020, justo antes del confinamiento: COVID.
En ese punto se me transmitió que iba a producirse un periodo de cambio global, con movimiento, incertidumbre y miedo colectivo. Pero el mensaje no venía desde el miedo. Venía desde un estado de calma. Una calma muy profunda, que no negaba lo que iba a ocurrir, pero que mostraba otra perspectiva.
Se me transmitió algo muy claro: que independientemente del caos externo, escuchara lo que escuchara, todo estaba en orden a un nivel más profundo. Que el miedo iba a ser parte de la experiencia humana del momento, pero que no era lo único que existía. y que se me llevó allí para mostrarme que desde ese lugar nos estarían apoyando y sosteniendo. Que confiara y que "no me creyera nada", no todo parece lo que es......
También se me mostró que podía ser importante transmitir esa sensación a las personas con las que tuviera contacto en ese periodo. No desde la imposición, sino desde la calma. Así lo hice en la medida en la que pude, compartiéndolo con las personas que pude contactar en aquel momento.
Al volver a mi vida cotidiana, esa sensación de calma permaneció como una huella interna.
No desapareció de inmediato.
Se quedó como un recordatorio silencioso. Y cuando el mundo entró en el periodo del confinamiento, esa experiencia volvió a tener sentido desde otro lugar.
No como predicción, sino como comprensión interna de que hay una parte de la realidad que permanece estable incluso cuando todo lo demás cambia.
Hoy lo comparto sin necesidad de convencer a nadie.
Solo como parte de un proceso vivido.
Para mí, lo esencial no es la forma del lugar ni los detalles de la experiencia, sino la sensación de conexión y de unidad que atraviesa todo.
Y el recordatorio de que incluso en momentos de incertidumbre, puede existir un espacio interno de calma que no depende de lo que ocurre fuera, ya que la verdadera paz y equilibrio empieza a crearse desde dentro de uno mismo. De ahí comprendí el símil de llevarme al "centro de la tierra" vs el centro de tu ser.