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Almas angelicales encarnadas: cuando el amor aprende a habitar la Tierra

 



Hay almas que llegan a este mundo con una sensación difícil de explicar.

Desde muy pequeñas, sienten que algo no encaja del todo. Observan, sienten, aman… pero en lo más profundo hay una nostalgia en algunos suave, en otros muy intensa como si recordaran —sin palabras— otro lugar.

No siempre ocurre desde la infancia. A veces esa conciencia despierta más tarde, en la vida adulta, cuando algo dentro se abre, cuando alguien les pone palabras, o cuando, simplemente, ya no pueden ignorar lo que sienten.

Hoy quiero hablar de esas almas.

De las almas angelicales encarnadas.


Un origen donde solo existe el amor

Se dice que existen distintos planos de existencia, y uno de ellos es el plano angelical. No es un lugar físico, sino un estado de conciencia donde la energía que lo sostiene todo es una: el amor incondicional.

Un amor sin opuestos.
Sin juicio.
Sin miedo.

Desde ahí, algunas almas deciden encarnarse en la Tierra.

No porque sean superiores —todas las almas tienen el mismo valor—, sino porque su experiencia es distinta. Y en esa diferencia nace tanto su belleza como sus desafíos.


¿Cómo se siente un alma angelical en la Tierra?

Encarnar aquí, en un mundo de dualidad, puede ser profundamente impactante para ellas.

Porque pasan de un estado de unidad a un mundo donde todo se percibe separado:
bien y mal, luz y sombra, amor y miedo.

Y eso… cuesta... y mucho.

Muchas de estas almas sienten:

  • Una profunda dificultad para comprender la maldad o el daño consciente.

  • Una tendencia natural a amar sin condiciones, incluso cuando eso les hiere.

  • Una sensibilidad extrema a las energías, ambientes y emociones de los demás.

  • Una sensación de no pertenecer, como si estuvieran “de paso” en este mundo.

A veces, lo más cotidiano —el ritmo, las normas, incluso el propio cuerpo— puede resultarles abrumador.

Incluso algo tan básico como alimentarse, sostener una rutina o adaptarse al tiempo lineal puede sentirse extraño al principio.


La inocencia del alma

Hay una cualidad muy característica en ellas: la inocencia.

Pero no es ingenuidad sin más.
Es una inocencia que nace de no haber conocido antes la densidad de este plano. Miras sus ojos y solo ves bondad. 

Por eso, muchas veces:

  • Confían más de lo que deberían.

  • Ven luz donde otros ven peligro.

  • Se entregan sin defensas. 

Y cuando la vida les muestra otra cara… el impacto puede ser profundo.

De ahí que algunas atraviesen etapas de tristeza intensa, desorientación o vacío. No porque sean débiles, sino porque están aprendiendo algo completamente nuevo: vivir en un mundo donde el amor no siempre se expresa como ellas lo conocen.


El corazón como guía

Si algo define a estas almas es su corazón.

Un corazón que no sabe hacer otra cosa que amar.
Amarlo todo.
Sin filtros. 

Muchas tienen una capacidad natural para acompañar, sostener, calmar.
No necesitan “hacer” demasiado: su sola presencia ya transforma.

A veces canalizan esa energía a través del arte, la palabra, la escucha o la sanación. Otras veces, simplemente siendo quienes son. 


¿Por qué vienen?

No hay una única respuesta, pero hay dos grandes impulsos que suelen repetirse:

Experimentar lo humano.
Sentir lo que aquí se vive: el cuerpo, los sentidos, las emociones intensas, los vínculos.

Aportar amor en momentos concretos.
Como si su presencia tuviera un propósito silencioso: suavizar, acompañar, recordar.

No siempre lo saben desde el principio.
De hecho, muchas veces lo olvidan… para poder vivir la experiencia completa. Pero los que lo recuerdan incluso pueden sentir el apoyo de sus "almas angelicales" desde el otro lado y eso da mas liviandad a la experiencia. 


El desafío de quedarse

Para algunas de estas almas, simplemente estar aquí puede ser lo más difícil.

La densidad, el ruido, la desconexión… pueden llevarlas a sentirse perdidas o a no encontrar su lugar.

Por eso es tan importante el arraigo.

Aprender a habitar la Tierra sin perder su esencia.
Cuidar su energía.
Rodearse de espacios y personas que no apaguen su luz.

Y, sobre todo, comprender que no hay nada “mal” en ellas.


Una mirada más amorosa

Quizá conoces a alguien así.
O quizá, al leer esto, algo dentro de ti se ha reconocido en silencio.

Sea como sea, estas almas no necesitan ser cambiadas.
Necesitan ser comprendidas.

Porque en un mundo que a veces olvida cómo amar,
ellas vienen a recordarlo… incluso cuando aún están aprendiendo a sostenerse aquí.


No han venido a encajar.
Han venido a amar en un lugar donde eso no siempre es fácil.

Y aunque a veces duela,
aunque a veces se sientan fuera de lugar…

eso no es debilidad.

Es su verdadera fuerza.

Juzgar: el deporte favorito del ego (y cómo dejarlo sin dramas) 😅💖



Vectores de Auto juicio, imágenes vectoriales | DepositPhotos


Si alguna vez te has pillado pensando ““¡qué idiota!” sobre alguien… bienvenida/o al club. El ego adora juzgar: cuanto más miedo, más estrés y más saturados estamos, más proyectamos nuestras propias frustraciones sobre los demás. Básicamente, señalamos afuera lo que nos pesa por dentro. 🙃

El ego es como ese amigo despistado que cree que lo sabe todo: no sabe nada, tiene miedo y, por eso, necesita sentirse distinto o superior. Pero sorpresa: en el fondo, todos compartimos la misma esencia. Esa sensación de “soy mejor” o “soy diferente” es puro humo mental. 🌫️✨

Dejar de juzgar es un alivio enorme. Cada vez que notes que estás apuntando con el dedo –a alguien o a ti mismo– puedes decirte un recordatorio simple, directo y potente:

“Esto es solo mi cabeza hablando, no la verdad, ... y puedo soltarlo.”

Con esto te recuerdas tres cosas a la vez:

  1. Que lo que estás sintiendo es una interpretación, no la realidad completa.
  2. Que esa interpretación refleja más tu propio estado que al otro.
  3. Que puedes decidir soltarlo y no cargar con esa energía pesada.

Cuanto más lo practiques, menos te interesa juzgar y más espacio queda para la compasión, la risa y el amor. 💖
La próxima vez que tu ego saque su lista de “cosas mal hechas por los demás”, respira, sonríe y dile:


“Hoy  paso de esto”  🎈 o " No es asunto mío.✨

Y verás cómo, poco a poco, la mochila invisible se va volviendo ligera… hasta que llegará un día que ni recuerdas cuándo fue la última vez que juzgaste... 

¿Quieres ser feliz… pero sin trabajar? 🤔....Tus creencias deciden.

El ego es esa colección de creencias que hemos acumulado con el tiempo: lo  que deberíamos ser, cómo deberíamos actuar, qué es “correcto” y qué no. 🔍  ¿Cuántas veces has sentido que


Todos queremos vivir mejor, ser más felices y sentirnos en paz, ¿verdad? Suena sencillo hasta que nos damos cuenta de que la “receta” no viene en un paquete de cereales ni en un tutorial de cinco minutos. 😅

El trabajo personal es como ese gimnasio al que nunca fuimos: nadie nos paga por asistir, nadie nos aplaude, y muchas veces nos duele un poquito. Requiere atención, concentración y, sobre todo, la intención de mirar de frente lo que hemos creído toda la vida. Porque sí… resulta que no somos solo lo que pensamos, y muchas de nuestras ideas sobre la vida, el amor, nosotros mismos y los demás… podrían necesitar un pequeño ajuste. 💭

Esas ideas se llaman creencias, y son como lentes que usamos para ver el mundo. Nos dicen cómo debemos actuar, qué esperar y hasta cómo sentirnos. Muchas vienen de nuestra infancia, de lo que escuchamos en casa o en la escuela, y nos acompañan sin que nos demos cuenta. Algunas nos ayudan y otras… bueno, otras nos complican la existencia. 🙃

Por ejemplo, podemos tener creencias como “para ser feliz hay que esforzarse mucho” o “la abundancia solo llega con sacrificio”. Son comprensibles y funcionan en cierto contexto, pero cuando las usamos de manera rígida, nos limitan y nos hacen tropezar con las mismas piedras una y otra vez.

Ahí es donde entra lo divertido (sí, también hay diversión en esto): cuestionar nuestras creencias. Mirarlas, ponerlas en jaque y, si es necesario, cambiarlas. No es un trabajo remunerado, ni hay aplausos, pero es un trabajo que nos devuelve paz, armonía y libertad emocional. Es decir… nos hace sentir mejor de verdad. 🌈

En esta meditación 👉Liberar Creencias Limitantes , puedes hacer algo increíble: no solo identificar y liberar una creencia limitante, sino completarla con una nueva que te lleve al bienestar. Es como reemplazar la pieza vieja de un rompecabezas que siempre te hacía tropezar, por una que encaje perfectamente y haga brillar todo el cuadro. ✨

Así que, si estabas esperando que la felicidad viniera sin mover un dedo, siento decepcionarte un poquito… Pero si estás listo para jugar, reírte de tus viejas ideas y crear tu propia versión mejorada de ti mismo, este es tu momento. 😉

Después de todo, creer es crear… y créeme, tu nueva versión espera con ansias que la dejes salir. 💖


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Los 144.000: una memoria viva que despierta en nosotros


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Hay conceptos que, cuando los escuchamos por primera vez, parecen lejanos, casi incomprensibles… y sin embargo, algo dentro se reconoce.

Los 144.000 es uno de ellos.

Se ha hablado de esta cifra en textos antiguos, en tradiciones espirituales y en relatos que atraviesan el tiempo.

Sin embargo siento que quizá no sea un grupo de personas elegidas, sino más bien una forma viva del orden del universo, un patrón que se repite a lo largo del tiempo y conecta todo lo que somos con lo que podemos recordar de nuestra esencia más profunda....

Pero más allá de cualquier interpretación literal, lo que para mí realmente guarda este número es un lenguaje más profundo. No habla de cantidad. Habla de frecuencia.


¿Y si en vez de almas (personas) fuese una vibración?

Muchas personas interpretan a los 144.000 como un grupo concreto de personas/almas. Sin embargo, cuando se siente desde dentro, la comprensión cambia completamente.

No es algo separado.
No responde a límites ni a etiquetas.
No pertenece a unos pocos.

Para mí es simplemente una vibración de conciencia, una especie de geometría viva que se activa en momentos clave de la humanidad. Una red sutil que no se ve, pero se percibe… porque se experimenta.

Es como si existiera un pulso que, en ciertos ciclos, comienza a latir con más fuerza en la Tierra… y quienes resuenan con él empiezan a recordar.


Una presencia que ha estado siempre

Esta vibración no es nueva.... sólo que los que estamos aquí con nuestro Ego pensamos que si lo es.......

Ha estado presente en distintos momentos de la historia, acompañando grandes transiciones:

En las antiguas memorias de Lemuria y Atlántida.
En los templos de Egipto.
En las escuelas iniciáticas del desierto.
En pueblos silenciosos, sin nombre, que sostenían conocimiento sin necesidad de escribirlo.

Siempre ha habido una red activa, aunque invisible, sosteniendo el paso de un ciclo a otro.

No como algo externo, sino encarnado en personas que, de alguna manera, mantenían viva una conexión con algo más amplio.


La misión de esta frecuencia

Hablar de “misión” puede sonar grandioso, pero en realidad es algo profundamente orgánico.

Esta vibración no impone. No dirige. No jerarquiza.

Simplemente… sostiene.

Sostiene coherencia cuando hay confusión.
Sostiene calma en medio del cambio.
Sostiene memoria cuando todo parece olvidado.

Esta vibración también tiene un propósito profundo: recordar, sostener y anclar la conciencia crística en la Tierra (la conciencia crística es esa capacidad de vivir desde el amor, la compasión y la unidad con todo), manteniendo viva la luz y la armonía que nos conecta con nuestra esencia más profunda.

Además, esta vibración actúa de manera sutil y poderosa:

  • Pone en su lugar la luz y el equilibrio cuando todo parece confuso o caótico.
  • Sostiene la energía que permite que la humanidad crezca y avance hacia nuevas etapas de conciencia.
  • Despierta recuerdos dormidos en quienes la rodea.
  • Reprograma líneas de tiempo y ciclos que necesitan transformarse.
  • Enciende la chispa del despertar en otros, solo por la coherencia de su presencia.

Quienes resuenan con esta frecuencia suelen sentir, de forma natural:

Un impulso de comprender la vida más allá de lo evidente.

Una sensibilidad especial hacia la energía de los lugares, de las personas, de la Tierra.

Una necesidad de vivir con sentido, con verdad.

Un llamado a acompañar, a crear, a cuidar o a guiar… desde su propia coherencia siempre.

No se trata de hacer algo concreto, sino de ser de una determinada manera. Porque esa coherencia, aunque silenciosa, transforma.


Una memoria que vive en nosotros

A veces, esta conexión se siente como algo muy profundo… difícil de explicar con palabras.

Como si no fuera algo que aprendemos, sino algo que recordamos.

Como si estuviera escrito en lo más íntimo de nosotros, casi como si cada célula lo guardara en silencio… no como algo exclusivo o biológico, sino como una resonancia interna que despierta cuando estamos preparados para escucharla.

No es algo reservado.
Es algo que puede activarse en cualquiera.


El recuerdo que despierta

Muchas veces, esta conexión no llega como una idea clara, sino como una sensación:

Sentir que hay “algo más”.
Que la vida tiene una profundidad que no siempre sabemos nombrar.
Que hay una conexión con la Tierra, con las estrellas, con lo invisible.
Que estamos aquí por algo… aunque no sepamos exactamente qué.

A veces aparece en forma de sueños, de intuiciones, de momentos de claridad.
Otras veces, a través de procesos intensos que nos invitan a soltar lo que ya no somos.

No es un camino lineal. Es un proceso de recordar.


Una red que se activa ahora

En este momento, algo se está moviendo.

Cada vez más personas sienten ese llamado interno.
Esa necesidad de vivir de otra forma.
De crear desde otro lugar.
De habitar la vida con más conciencia.

Y eso no es casual.

Es como si esta antigua red —esa vibración que algunos nombraron como los 144.000— estuviera despertando de nuevo, no como algo cerrado, sino como una posibilidad abierta.

Una invitación silenciosa a recordar, sostener y anclar la luz en la Tierra.


Para quien lo sienta

No hace falta entenderlo todo.
No hace falta ponerle etiquetas.
Ni siquiera hace falta creer en ello.

Si algo de esto resuena, aunque sea suavemente… ya está ocurriendo.

Porque esta vibración no se aprende.
Se reconoce.

Y cuando se reconoce, algo en nosotros se ordena, se calma… y, poco a poco, empieza a recordar quién es.


Quizá los 144.000 nunca fueron un número.😉

Quizá siempre fueron una forma de nombrar ese pulso invisible que, una y otra vez, vuelve a la Tierra… para recordarnos que no estamos separados, que hay algo más grande sosteniéndonos… y que todos podemos resonar con él.

✨Desdoblándose más allá del cuerpo: no era un sueño. Parte 2.




Después de contar mi primer viaje astral, pincha aquí 👉   Desdoblándose más allá del cuerpo: mi primer acercamiento al viaje astral  algo empezó a rondarme:
Si esto no era un sueño… ¿qué era exactamente?

Al principio intenté encajarlo en lo que conocía:
“Seguro fue un sueño raro.”
“Demasiado real, pero un sueño.”

Pero había algo que no cuadraba.

Cuando sabes que no es un sueño

Se siente distinto.
En los sueños normales todo es difuso, cambia rápido, carece de lógica… y al despertar, se escapa de tu memoria.

Aquí no.
Mi habitación estaba exactamente donde debía estar.
Mi cuerpo también.
Y yo… no estaba dentro.

Era como mirar desde fuera, con una claridad incluso mayor que estando despierta.
El aire parecía distinto, los sonidos más profundos, y cada objeto tenía un peso y una presencia que jamás había notado así.

La diferencia más clara (para mí) es la sensación de salir:
ese zumbido, esa vibración… o simplemente darte cuenta de que tu conciencia se eleva y tu cuerpo queda abajo, quieto, inmóvil.

Nunca lo he sentido en un sueño, ni siquiera en los más intensos o realistas.
Es otra cosa completamente distinta. Física, aunque no lo sea.


Estar presente de verdad

En un sueño, aunque muy real, siempre hay algo que no termina de estar completamente presente.

Aquí sí estás.
Pensando, observando, siendo consciente de cada detalle.
No estás dentro de una historia: estás viviendo algo.

Y lo más bonito: el recuerdo no se escapa.
No se desdibuja ni se va al despertar.
Se queda. Como un tesoro, con coherencia, con sentido, como si realmente lo hubieras vivido.


Algunas señales que me ayudaron a darme cuenta…

  • Sensación de separación: zumbido, vibración, flotación.
  • Lucidez total: pensamiento claro, observación detallada.
  • Estabilidad del entorno: tu habitación, tus objetos, tu cuerpo inmóvil.
  • Recuerdo que se queda: nada se pierde al despertar.

Si esto ocurre → probablemente estás en un viaje astral.
Si todo es inestable, cambiante o fragmentado → sueño normal.
Si sabes que estás soñando y puedes jugar con la historia → sueño lúcido.


Sueños lúcidos: volar dentro de ti mism@

Aquí es donde los sueños lúcidos entran en juego.
Si el viaje astral te enseña a “observar” desde fuera, los sueños lúcidos te permiten participar activamente desde dentro.

Puedes dirigir la historia, explorar emociones, interactuar con tu mundo onírico y practicar control consciente.
Para mí es como tener una sesión de terapia con tu alma como terapeuta: puedes enfrentarte a miedos, reencontrarte con partes tuyas que necesitan atención, con ancestros… o simplemente crear y volar sin límites.

Por ejemplo:

  • Mirar tus manos o algún objeto extraño durante el sueño.
  • Comprobar si se comporta como en la realidad (¿puedes atravesarlo? ¿cambia de forma?).

Y cuando lo notas… la magia empieza: volar, teletransportarte, vivir escenas increíbles…
y tu conciencia, sin darte cuenta, se va afinando.


Práctica para los sueños lúcidos

Quizá te pueda ser útil: entrenar la memoria de tus sueños. Porque cuanto mejor recuerdas lo que sueñas, más fácil es darte cuenta de que estás soñando y… ¡zas!… entrar en un sueño lúcido.

Algunas cositas que suelo hacer:

  • Diario de sueños: nada más abrir los ojos, anota todo lo que recuerdes. Sí, incluso ese unicornio rosa bailando salsa en tu cocina. Todo vale.
  • Grabar un audio en el móvil: contarte tu sueño en voz alta como si se lo contaras a alguien cercano ayuda un montón a fijarlo.
  • Revivirlo en tu mente: dedicar unos minutos a recorrerlo como si fuera tu propia película.

Y la que más uso yo, y que más me funciona, es preguntarme varias veces al día:
“¿Estoy soñando o estoy despierta?”

Suena un poco loco, lo sé 😅
pero tu mente acaba haciéndolo sola mientras duermes…
y de repente, lo sabes.


Un pequeño apunte que a mí me da mucha calma

Con el tiempo también he entendido algo importante: no hace falta forzar nada, pero sí puedes cuidarte un poco en estos estados.

A veces, antes de dormir, imagino como una pequeña luz a mi alrededor, como si me envolviera.
También suelo marcar una intención sencilla: estar tranquila, sentirme bien, y solo conectar con lo que me dé paz.

Y si en algún momento algo no me gusta o me incomoda, simplemente pienso en volver…
y vuelvo. Sin esfuerzo.

Después, me gusta darme unos minutos para “aterrizar”: beber agua, moverme un poco, escribir lo que he sentido…
como si trajera conmigo un pedacito de ese otro lugar.


Lo más importante: disfrutar y compartir

No importa cómo lo llames.
Lo importante es sentirlo, observarlo y disfrutarlo.

Cuanto más tranquil@ y confiad@ estés, más fluida será la experiencia, ya sea en el astral o en los sueños lúcidos.

Y algo que me hace muchísima ilusión: que mi tía Inma nos escriba y nos cuente sus sueños lúcidos… tengo muchas ganas de leerla.

Así es como lo siento yo…
y tú, ¿lo has sentido alguna vez?


Un “resumillo” final 😉

Viaje astral: sentir que te separas del cuerpo, explorar otra realidad, encontrarte con otras almas o guías, con mucha claridad.

Sueño lúcido: darte cuenta de que estás soñando y poder moverte dentro de ese mundo, explorarte y jugar con todo lo que aparece.

Sueño normal: cambia, se escapa… y a veces cuesta recordarlo

Desdoblándose más allá del cuerpo: mi primer acercamiento al viaje astral



¿Alguna vez has sentido que no estabas del todo dentro de tu cuerpo?
Como si, por un momento, fueras más conciencia que materia.

No sé muy bien en qué momento empecé a vivir este tipo de experiencias, pero sí sé que nunca las busqué. No soy una experta en viajes astrales, ni mucho menos. De hecho, las veces que me ha ocurrido han sido en momentos muy concretos: cuando estaba extremadamente exhausta o en ese estado extraño de la mañana, sobre las 6, cuando no estás ni dormida ni despierta del todo.

Ahí es donde empezó todo.

¿Qué es realmente un viaje astral?

Para explicarlo de forma sencilla: el viaje astral es cuando tu conciencia se proyecta fuera del cuerpo físico. Es como si una parte de ti —más sutil, más energética— pudiera moverse por su cuenta.

No es un sueño.
No es imaginación.
Se siente real… demasiado real.

Muchas personas cuentan que se ven desde fuera o que sienten que flotan. En mi caso, lo que más recuerdo es el sonido.


Mi experiencia: el sonido y salir del cuerpo

Ese momento lo tengo muy grabado.

Primero apareció un zumbido, como si pasara un avión muy cerca. Un sonido profundo, que no venía de fuera, sino de dentro. Y después… la sensación de salir.

No fue brusco. Fue como deslizarme.

Y de repente, ahí estaba: viéndome desde arriba.

Mi cuerpo abajo, completamente inmóvil, como si fuera solo una carcasa. Y yo… observando todo con una claridad increíble, como si estuviera viendo una película pero siendo consciente de cada detalle.

También llegué a escuchar voces. Durante mucho tiempo no supe qué eran, pero más tarde entendí que parecían hablar en arameo. No eran voces normales, sino mensajes que te llegaban directamente. La energía en ese momento era tan intensa que mi colgante de amatista salió disparado contra la pared y se rompió.

No me dio miedo, pero sí mucho respeto.


Ese momento en el que no puedes moverte

Hay algo que suele pasar en estos estados y que puede impresionar bastante si no lo entiendes: no poder moverte.

Tu mente está despierta, eres consciente… pero tu cuerpo no responde. Intentas moverte, hablar… y no puedes. Es como estar “dentro” sin control. Pero que no cunda el pánico.......

Aquí entra algo clave: la mente. En ese momento intenta protegerte, empieza a decirte que salgas de ahí. Si le haces caso, todo se corta y vuelves al cuerpo.

Con el tiempo entendí algo importante: no hay que forzar nada.

Justo hoy mi tía me contaba que había tenido una experiencia muy parecida. Sintió ese estado, ese “bloqueo”, pero no llegó a salir del cuerpo. Ella tiene mucha facilidad para los sueños lúcidos: se encuentra con sus padres, visita lugares de España… y lo vive todo con mucha claridad, aunque desde otro tipo de experiencia.

No pasa nada si no “sales” del cuerpo. La clave es soltar y dejar que fluya. Y que ocurra cuando tenga que ocurrir. 


Viaje astral vs. “viajar a otros planos”

El viaje astral, tal como lo he vivido, está muy ligado a este plano. Es como moverte por una versión sutil de la realidad que ya conoces.

Pero hay otra cosa que me ocurre con más frecuencia: puedo “irme” a otros lugares sin pasar por ese proceso de separación. Es como cambiar de realidad directamente. Sin cuerpo, sin habitación, sin referencias.

Solo estás allí.

Resumiendo:

  • El viaje astral es salir del cuerpo y moverte en un plano cercano al físico.

  • El “viaje a otros planos” es acceder a realidades completamente distintas.

Y curiosamente, esto último me resulta más natural.


¿Y si tú también lo has vivido?

Muchas veces estas experiencias pasan desapercibidas.

Ese zumbido antes de dormir, la sensación de caer, o ese momento en el que no puedes moverte al despertar… Puede que no sea “solo un sueño”. No hace falta ponerle etiquetas ni intentar provocarlo. En mi caso, nunca lo he buscado, simplemente ha ocurrido.

Se trata de observar, sin miedo, sin expectativas. Solo estar.

                                    💨💨💨💨

En el próximo artículo hablaré de la mejor forma posible de cómo diferenciar un sueño normal, un sueño lúcido y un viaje astral.

Además, me hace mucha ilusión que mi amiga Ana —que tiene mucha experiencia con viajes astrales— nos deje un comentario con su perspectiva. Seguro que su visión enriquecerá mucho la conversación.

💖Cuando el dolor crónico también puede ser un camino de conexión.






A veces el cuerpo duele tanto que parece una prisión.  

Pero con el tiempo he descubierto que, incluso dentro del dolor, existe un lugar de paz que nadie puede tocar.


Este texto nace de mi propia experiencia, por si a alguien que también vive con dolor le puede servir de compañía.


                                             💫💫💫💫


Desde muy pequeña he convivido con dolencias físicas importantes. A nivel médico eran cosas serias, pero curiosamente nunca las viví como algo que me impidiera ser yo misma. Más bien era como si mi cuerpo no pudiera seguir siempre el ritmo de lo que mi mente quería hacer.


En aquel entonces ni siquiera era plenamente consciente de ello. Era como un pequeño animalito que simplemente quiere vivir: jugar con otros niños, salir de excursión, descubrir el mundo…


Y después el cuerpo aparecía agotado, como si hubiera estado escalando el Everest. Profundamente dolorido.


Recuerdo que siendo muy pequeña a veces apenas podía terminar un paseo con mi madre del dolor que sentía.


Pero hoy no quiero hablar exactamente de eso.


Lo comparto solo para que se entienda algo importante: durante mucho tiempo no fui realmente consciente de esas limitaciones. Mi mente siempre ha sido muy activa y mi alma profundamente viajera. Siempre he seguido esa parte del alma que anima, que explora, que descubre.


He viajado a infinidad de lugares sin mover el cuerpo físico. Lugares tan reales para mí como aquellos a los que tú has podido viajar con tus pies. Y los he experimentado como si estuviera allí, con los sentidos abiertos y con la sensación viva de estar presente.


Con esta entrada tan íntima quiero hablar de algo que quizá pueda acompañar a otras personas: cómo se puede vivir con el dolor crónico.


Un dolor que a veces es limitante.  

Un dolor que a veces debilita.


Como suelo decir en los días más intensos: *me duelen hasta las pestañas.*


No hay un solo día en el que no haya dolor. Y no en una parte concreta del cuerpo, sino en todo: músculos, tendones, ligamentos, articulaciones.


A eso se suma un cansancio constante.


Mi cuerpo es como una brújula antigua que siente antes que nadie los cambios del tiempo. Sé cuándo va a llover o cuándo el calor está por llegar porque el cuerpo lo anuncia primero.


Y sin embargo, nunca he vivido esto como una condena.


Mi cuerpo, con todo lo que trae, ha sido también una bendición.


Es un ancla que me invita a ir hacia dentro. A través del dolor físico, cuando se vuelve más intenso, algo en mí se abre aún más hacia lo profundo.


Hay momentos en los que el dolor es tan fuerte que me hace desaparecer del mundo exterior.


Como si hibernara.


Como un pequeño oso que se recoge dentro de su cueva.


Pero incluso en esos momentos no dejo de hacer pequeñas cosas: escribir, observar, sentir, realizar gestos sencillos que me conectan con aquello que me da alegría.


La mayoría de las actividades de este mundo me conectan con algo más grande… excepto quizá pasar demasiado tiempo frente a aparatos electrónicos.


Porque en realidad no es lo que haces lo importante.


Es desde dónde lo haces.


Qué estás sintiendo cuando lo haces.  

Dónde está tu conciencia.  

Si realmente estás habitando ese instante.


Y yo lo habito.


A veces me preguntan cómo es posible sentir tanto dolor y, al mismo tiempo, poder vivir de esta manera.


No sé exactamente cómo explicarlo.


Es como si el cuerpo quedara a un lado. Como si yo pudiera observarlo.


El dolor sigue estando ahí, claro que sí. No desaparece.


Pero ocurre algo distinto: ya no me identifico con él.


Es como observar un río que pasa.


El río sigue fluyendo, pero tú no eres el río. Eres quien lo observa.


La conciencia se vuelve observadora. El cuerpo es como un muñeco y la conciencia es quien lo contempla con amor. El dolor pasa como una corriente, pero no define lo que soy.


Y cuando vuelvo de ese espacio de observación, la sensación es muy difícil de describir.


Es como sentirse un pequeño cachorro…  

o un bebé sostenido en brazos.


En paz.  

Seguro.  

Abrazado por la vida.


Incluso ahora, mientras escribo estas palabras, no puedo evitar sonreír.


Claro que hay momentos en los que el alma siente nostalgia de su verdadero hogar. Pero también tengo la suerte —como todos cuando dormimos— de poder viajar allí y regresar. Y a veces esos viajes también ocurren durante el día, en medio del silencio o del dolor.


Muchas personas a mi alrededor no pueden entenderlo. Incluso mis padres a veces se preguntan cómo es posible que pueda sentirme en paz o incluso feliz viviendo con este cuerpo que duele.


Y es comprensible.


Claro que me gustaría hacer muchas cosas más: viajar físicamente, moverme con mayor facilidad, realizar algunos sueños sencillos del mundo material.


Pero mi alma eligió recorrer este camino de otra manera.


Y por eso doy gracias a este cuerpo, a esta vida, y a Dios, que a través de todo esto me va mostrando el camino.


Porque nuestra experiencia no se limita únicamente a ser un ser humano que camina, trabaja y se mueve en el mundo físico.


Tenemos la capacidad de vivir mucho más allá de eso.


Podemos viajar sin movernos.  

Podemos tocar lo invisible.  

Podemos sentir mundos que no caben en las manos.


Y quizá no sepa explicar exactamente cómo ocurre.


Sucede de una manera tan natural como cuando un escarabajo camina… o un colibrí sabe volar.


Simplemente ocurre.


Y si tú también vives con dolor…  

si a veces sientes que el cuerpo es una prisión…


quiero decirte algo con todo mi cariño:


Dentro de ti existe un espacio que el dolor no puede tocar.


Un lugar de paz profunda.  

Un lugar donde sigues siendo libre.


Y desde ese lugar, incluso en medio del dolor, también es posible vivir con amor, con sentido y con una profunda serenidad.  


Porque cuando miras la vida desde la ventana del corazón, el dolor deja de ocupar todo el paisaje.

Reuniones, espejos y silencios

  Hola alma compañera, esta entrada viene como hilo a una publicación de mi canal de Youtube Voz Corazón que habla sobre las reuniones de co...