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Sassani y los 33 Códigos de Luz: mi experiencia.




Desde pequeña siempre me sentí atraída por Orión.


Recuerdo subirme al tejado de la casita de campo con mi padre, mirar las estrellas y sentir algo especial al ver esa constelación. No era solo curiosidad; era como si algo dentro de mí se activara, un recuerdo antiguo.

Con los años fui entendiendo que no todas las energías que sentimos son iguales. Aprender a discernir fue importante para mí. Esto que comparto es solo mi experiencia, contada desde el corazón, por si a alguien le resuena o le sirve de alguna manera.

A medida que fui afinando mi conexión con el Universo, comenzaron a aparecer en mi vida los Sassani, de forma suave, natural, como cuando algo se va revelando poco a poco.

Viven en el planeta Essassani, cerca de la constelación de Orión, a unos 500 años luz de la Tierra. Essassani significa lugar de luz viviente, luz radiante, y eso es exactamente lo que transmiten: luz, calma y coherencia. Son una civilización híbrida entre humanos y la Federación Gris. De nosotros tomaron la capacidad de sentir, la emoción y el amor; de ellos, una inteligencia muy avanzada. Parte de su evolución la aprendieron de los Pleyadianos.

Físicamente, las mujeres tienen pelo blanco y todos tienen los ojos claros y almendrados. Son cercanos, armónicos, nada extraños, como una versión de nosotros más afinada y tranquila.

Yo conocí a Amblin y Fadami. Amblin se expresa desde una energía femenina muy suave; Fadami desde una energía masculina clara. Pero en ambos, las energías están equilibradas y conviven en armonía. Con ellos todo es sencillo, cálido y cercano, incluso con humor. Nada rígido, nada solemne, como estar en casa, su presencia abraza. 

Viven siguiendo la sincronicidad. No planifican como lo hacemos nosotros; siguen la vibración del momento presente. Confían plenamente en la frecuencia que emiten, y eso los mantiene unidos, como una conciencia compartida, aunque cada uno conserva su singularidad.

Antes de ser consciente de todo esto, ya había tenido experiencias difíciles de explicar. Recuerdo subir a una de sus naves y quedarme impresionada por su tamaño: contenían ciudades enteras en su interior. Mas tarde entendí que esas Naves Madre son entidades vivientes y conscientes, formadas por materiales cristalinos, metálicos y por intención vibratoria. Desde allí observan la Tierra, transmiten información y coordinan las naves triangulares cerca de puntos energéticos como el Triángulo de las Bermudas, Hawái, Stonehenge, los Himalayas o las pirámides de Egipto.

Son seres cuasi‑físicos. Pueden desplazarse casi instantáneamente en el espacio‑tiempo, aunque aún no han puesto pie físico en la Tierra. Se comunican telepáticamente y su lenguaje vibra de forma similar a lenguas antiguas quizá me atrevería a decir como el sánscrito.

Actúan como acompañantes y facilitadores de la humanidad. Su intención es compartir información que ayude a despertar conciencia y a integrar tecnología y espiritualidad de forma armoniosa. Pueden interactuar con la Tierra sin necesidad de presencia física constante, y ya lo hacen a través de canalizaciones.

En mi caso, me transmitieron 33 Códigos de Luz y Vida, que iban llegando poquito a poco en cualquier momento del día. Cada uno venía acompañado de un mensaje y una vibración concreta. Me dijeron que tenía que dibujarlos para compartirlos con otras personas para ayudarles, acompañarles y recordarles su propia conexión. (Imagen de portada de los códigos de Luz y Vida).

Estos seres también son alegres, espontáneos y muy fluidos emocionalmente. No necesitan gobiernos ni dinero: todo se comparte, todo se ofrece. Su forma de vivir es ligera, creativa y gozosa.

El número tres es muy importante para ellos: naves triangulares, símbolos triangulares… y curiosamente, para mí siempre ha sido un número mágico que ha guiado muchos momentos de mi vida, mucho antes de conocerlos. Con el tiempo, esa conexión empezó a tener sentido.

Su forma de crear descendencia  es distinta a la nuestra: sin contacto físico, a través de una burbuja de energía con intención y amor. El niño comienza como un punto, como una semilla, y crece guiado telepáticamente. Cada adulto cuida de todos los niños y cada niño pertenece a todos los adultos, es decir todos cuidan de todos: son una familia completa.

Esto es parte de mi experiencia. Tengo muchísima más información sobre ellos, que daría para muchas entradas más… si queréis preguntar, aquí estoy.


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