Después de contar mi primer viaje astral, pincha aquí 👉 Desdoblándose más allá del cuerpo: mi primer acercamiento al viaje astral algo empezó a rondarme:
Si esto no era un sueño… ¿qué era exactamente?
Al principio intenté encajarlo en lo que conocía:
“Seguro fue un sueño raro.”
“Demasiado real, pero un sueño.”
Pero había algo que no cuadraba.
Cuando sabes que no es un sueño
Se siente distinto.
En los sueños normales todo es difuso, cambia rápido, carece de lógica… y al despertar, se escapa de tu memoria.
Aquí no.
Mi habitación estaba exactamente donde debía estar.
Mi cuerpo también.
Y yo… no estaba dentro.
Era como mirar desde fuera, con una claridad incluso mayor que estando despierta.
El aire parecía distinto, los sonidos más profundos, y cada objeto tenía un peso y una presencia que jamás había notado así.
La diferencia más clara (para mí) es la sensación de salir:
ese zumbido, esa vibración… o simplemente darte cuenta de que tu conciencia se eleva y tu cuerpo queda abajo, quieto, inmóvil.
Nunca lo he sentido en un sueño, ni siquiera en los más intensos o realistas.
Es otra cosa completamente distinta. Física, aunque no lo sea.
Estar presente de verdad
En un sueño, aunque muy real, siempre hay algo que no termina de estar completamente presente.
Aquí sí estás.
Pensando, observando, siendo consciente de cada detalle.
No estás dentro de una historia: estás viviendo algo.
Y lo más bonito: el recuerdo no se escapa.
No se desdibuja ni se va al despertar.
Se queda. Como un tesoro, con coherencia, con sentido, como si realmente lo hubieras vivido.
Algunas señales que me ayudaron a darme cuenta…
- Sensación de separación: zumbido, vibración, flotación.
- Lucidez total: pensamiento claro, observación detallada.
- Estabilidad del entorno: tu habitación, tus objetos, tu cuerpo inmóvil.
- Recuerdo que se queda: nada se pierde al despertar.
Si esto ocurre → probablemente estás en un viaje astral.
Si todo es inestable, cambiante o fragmentado → sueño normal.
Si sabes que estás soñando y puedes jugar con la historia → sueño lúcido.
Sueños lúcidos: volar dentro de ti mism@
Aquí es donde los sueños lúcidos entran en juego.
Si el viaje astral te enseña a “observar” desde fuera, los sueños lúcidos te permiten participar activamente desde dentro.
Puedes dirigir la historia, explorar emociones, interactuar con tu mundo onírico y practicar control consciente.
Para mí es como tener una sesión de terapia con tu alma como terapeuta: puedes enfrentarte a miedos, reencontrarte con partes tuyas que necesitan atención, con ancestros… o simplemente crear y volar sin límites.
Por ejemplo:
- Mirar tus manos o algún objeto extraño durante el sueño.
- Comprobar si se comporta como en la realidad (¿puedes atravesarlo? ¿cambia de forma?).
Y cuando lo notas… la magia empieza: volar, teletransportarte, vivir escenas increíbles…
y tu conciencia, sin darte cuenta, se va afinando.
Práctica para los sueños lúcidos
Quizá te pueda ser útil: entrenar la memoria de tus sueños. Porque cuanto mejor recuerdas lo que sueñas, más fácil es darte cuenta de que estás soñando y… ¡zas!… entrar en un sueño lúcido.
Algunas cositas que suelo hacer:
- Diario de sueños: nada más abrir los ojos, anota todo lo que recuerdes. Sí, incluso ese unicornio rosa bailando salsa en tu cocina. Todo vale.
- Grabar un audio en el móvil: contarte tu sueño en voz alta como si se lo contaras a alguien cercano ayuda un montón a fijarlo.
- Revivirlo en tu mente: dedicar unos minutos a recorrerlo como si fuera tu propia película.
Y la que más uso yo, y que más me funciona, es preguntarme varias veces al día:
“¿Estoy soñando o estoy despierta?”
Suena un poco loco, lo sé 😅
pero tu mente acaba haciéndolo sola mientras duermes…
y de repente, lo sabes.
Un pequeño apunte que a mí me da mucha calma
Con el tiempo también he entendido algo importante: no hace falta forzar nada, pero sí puedes cuidarte un poco en estos estados.
A veces, antes de dormir, imagino como una pequeña luz a mi alrededor, como si me envolviera.
También suelo marcar una intención sencilla: estar tranquila, sentirme bien, y solo conectar con lo que me dé paz.
Y si en algún momento algo no me gusta o me incomoda, simplemente pienso en volver…
y vuelvo. Sin esfuerzo.
Después, me gusta darme unos minutos para “aterrizar”: beber agua, moverme un poco, escribir lo que he sentido…
como si trajera conmigo un pedacito de ese otro lugar.
Lo más importante: disfrutar y compartir
No importa cómo lo llames.
Lo importante es sentirlo, observarlo y disfrutarlo.
Cuanto más tranquil@ y confiad@ estés, más fluida será la experiencia, ya sea en el astral o en los sueños lúcidos.
Y algo que me hace muchísima ilusión: que mi tía Inma nos escriba y nos cuente sus sueños lúcidos… tengo muchas ganas de leerla.
Así es como lo siento yo…
y tú, ¿lo has sentido alguna vez?
Un “resumillo” final 😉
Viaje astral: sentir que te separas del cuerpo, explorar otra realidad, encontrarte con otras almas o guías, con mucha claridad.
Sueño lúcido: darte cuenta de que estás soñando y poder moverte dentro de ese mundo, explorarte y jugar con todo lo que aparece.
Sueño normal: cambia, se escapa… y a veces cuesta recordarlo

Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarMuchas gracias por los “tips”.
ResponderEliminarY qué guay poder seguir hablando de un tema tan apasionante. Ojalá tu tía Inma nos cuente sus sueños lucidos y podamos viajar con ella en sus múltiples aventuras.
Algo muy cierto de lo que dices, es esa sensación de que lo que vives en el astral nunca se olvida, así como la gran mayoría de sueños si se desvanecen rápidamente.
Yo también anoto los sueños nada más despertar, tengo una libreta en la mesita y apenas abro los ojos, sin moverme mucho, anoto lo que recuerdo. Es importante hacerlo sin apenas moverte, porque los sueños son como la arena de la playa, se deslizan rápidamente por las grietas de tu memoria.
Me gustaría aclarar a quien nunca ha hecho viales astrales, que aunque da un poco de miedo al principio por las sensaciones y sonidos que se sienten, en el astral, ni en ninguna parte, no te puede pasar nada, no te puedes morir y quedarte allí…si te emocionas demasiado, regresas al cuerpo y te despiertas, nada más.
Recuerdo una de las veces que me programé antes de salir del cuerpo, quería experimentar atravesar una pared.
Esa noche sabía que iba a tener un viaje astral, porque desde hace horas sentía una corriente eléctrica por la parte de atrás de una pierna. (Cuando aprendes a sentir sensaciones sutiles, esto se vuelve normal).
En cuanto empecé a dormirme, comenzaron los ruidos de motor de avión a punto de despegar y una vibración 🫨 en toda la superficie de la piel. No sé muy bien cómo explicarlo, es como si tuvieras un escalofrío a la vez por todas partes pero que durase más segundos de lo habitual.
Durante todo este tiempo yo podía pensar con normalidad, no me sentía adormilada, ni confundida, simplemente estaba allí consciente de que comenzaba un cambio de dimensión y que iba a estar en el astral.
Enseguida dejé de sentir el cuerpo, dejé de necesitar respirar, ya no me dolía nada, me sentía ligera, tan ligera que empecé a elevarme de la cama.
Hice un gesto para incorporarme, y aunque, aparentemente estaba sentada en la cama, miré a mis pies y allí no había nada, así que dejé de prestar atención a la postura que tenía, simplemente me movía a mi antojo.
Miré hacia donde estaba Gala, mi perra dormía a mi lado en su colchoneta y ahí estaba ella dormida y yo, flotando sobre ella. Ya en esa posición miré mi cama y allí también estaba yo, acurrucada durmiendo plácidamente, ambas conectadas por un hilo de luz con miles de puntos luminosos, como una constelación de estrellas. 💖✨
Entonces recordé que quería experimentar qué se siente al atravesar una pared y extendí mi mano hacia la pared más cercana. Aunque no tenía manos, ni brazos, sentía la sensación de que estaba metiendo la mano a través de la pared.
De repente la sensación fue de expansión, cómo explicar esto para entenderlo desde esta dimensión, creo que es imposible.
De repente mi consciencia se sintió parte de algo más grande, ya no era solo yo, era parte de algo más que yo misma.
No había separación con la pared, yo por un lado y ella por otro, con su rugosidad y temperatura propia, no, de repente me invadió una sensación de pertenencia, de amplitud, de abrazo…tenía la mano dentro de la pared y mis “moléculas” y las suyas eran las mismas y a la vez pertenecíamos a un todo.
No había resistencia, ni extrañeza, era más bien algo natural y muy conocido.
Poco después, volví al cuerpo, como si algo tirase de mí hacia la cama y me desperté.
Ya sé que sonará extraño y difícil de entender, pero esta fue mi sensación y la he experimentado más veces y todas se sienten igual.
Los viajes astrales y los sueños lúcidos se pueden entrenar y como bien dices, pueden ser una fuente para aprender a conocerte, trabajar en cosas personales, conocer a tus guías…
Lo hacemos todas las noches, así que no es que esté al alcance de unos pocos, pero practicando puede llegar a hacerse de manera consciente y recordar ciertas cosas.
Incluir meditaciones diarias y replantearse las creencias puede ser un gran comienzo.
Un abrazo 🥰
Gracias por compartir tu experiencia con tanto detalle y apertura.
EliminarSe agradece mucho poder leer cómo lo vives desde tu propia mirada, porque estos temas se enriquecen precisamente con la diversidad de vivencias y formas de interpretarlo.
También es muy interesante cómo describes el cuidado al registrar los sueños y la atención que pones en ese mundo más sutil, ya que ahí muchas personas encuentran una herramienta valiosa de autoconocimiento y exploración interna.
Al mismo tiempo, creo que cada experiencia es profundamente personal y cada uno la integra desde su propio marco, y lo importante es lo que a cada persona le aporta a nivel interno y vital.
Gracias de nuevo por compartirlo y por abrir este espacio de conversación con tanta honestidad.
Un abrazo 🥰
Han tenido que pasar más de 50 años para comprender qué me pasaba cuando me dormía. Durante mucho tiempo no podía contarlo a nadie… pensaba: “¿Qué dirán de mí? ¿Que estoy chiflada?”. Pero no. Sentía que me iba de viaje.
ResponderEliminarHe estado en guerras, donde yo era como una salvadora, con poderes, como si fuera una heroína. En esos viajes incluso he preguntado en qué año estaba, y recuerdo uno muy claro: 1924. Y pensaba… “madre mía, ¿esto puede ser?”.
Recuerdo experiencias muy especiales que llevaré siempre conmigo. Una fue ver dos lunas en el cielo, y unas casas preciosas con cúpulas. Otra, abrir una puerta, bajar unas escaleras y encontrar tres estanques de agua cristalina, rodeados de una vegetación tan bonita que no me quería ir de allí.
También recuerdo mi primer amor, en un parque precioso. Yo tenía mis poderes, paré el mundo, y en un instante nos despedimos con un beso. Sentí que cerraba algo pendiente.
Ahora sé que soy muy afortunada por esta facilidad de viajar cuando me duermo. No siempre son viajes lúcidos, y a veces no son tan bonitos. Uno de ellos me impactó mucho: me encontré en el pasillo de mi casa con un ser con traje y capucha negra. Sacó su mano, como un dedo huesudo de calavera, y yo, sin miedo, le cogí ese dedo y le dije: “No tengo miedo, te deseo buen viaje”.
He llegado a pueblos con letreros que no entiendo, a ciudades en las que no he estado físicamente pero que podría describir con mucha claridad, y con personas que en esta vida no conozco. Incluso he sentido entrar por un agujero de gusano…
Y también hay momentos profundamente emocionales: estar con mis padres, estar con mis abuelos, con una claridad increíble… sentir su contacto, que me besan, percibir colores, detalles, incluso la comida.
He llegado a la conclusión de que soy como en la película Avatar: cuando duermo, viajo a otro mundo, como si fuera mi propio Pandora.
Otra experiencia muy especial fue con una niña. Estaba frente a mí, preciosa, pero no tenía manos, solo muñones. Sus padres la miraban con tristeza. Yo la cogí y la abracé muy fuerte… y al soltarla, sus manitas habían crecido. Todos estaban felices. Yo desperté llorando, con la sensación de que de alguna forma lo había hecho posible.
A día de hoy, todavía me pregunto… ¿tengo algún tipo de “poder” en los sueños? 🤍
Oh, que experiencias más emocionantes y bonitas. Tener esa claridad en la percepción de los detalles en cada una de las vivencias. Me quedo con ganas de más. Gracias 🫂 😊
EliminarOhhh, me ha encantado leerte! Me encantaría que pusieras más cosas que has visto y sigues viendo cada noche.
EliminarEs una habilidad maravillosa ser consciente de esa apertura durante los sueños. 💖✨
Nuestra mente, en esta 3 D, es muy limitada y, aunque lo quiere comprender todo, hay infinitas cosas que están fuera de nuestro alcance y que son maravillosas.
🌈🤍
Disfrútalas, porque seguro que están ahí para ti por algo y estoy segura de que no es importante que lo comprendas.
Gracias por compartirlo y abrirte a todos.
Ojalá pueda leer más cosas tuyas.
Te mando un abrazo 🫂
Hola, sigo con mis sueños lúcidos.
ResponderEliminarDesde 2020, desde mi despertar espiritual, los vivo de una manera muy distinta. Ya no me dan miedo; al contrario, los disfruto cada vez más. Incluso me atrevo a preguntar dentro de ellos en qué año estoy, en qué país… A veces me acerco al reflejo de una ventana para mirar mi cara y descubrir quién soy allí. Y pienso: “Madre mía, qué guapa soy”.
Recuerdo perfectamente cómo iba vestida, los colores de la ropa, los lugares, la comida… incluso puedo saborearla cuando como en esos sueños.
También descubrí algo curioso: en ellos soy como Wonder Woman, la Mujer Maravilla. He estado en guerras, parando bombas y trenes. Vuelo, nado en el aire y corro hacia atrás… sí, hacia atrás. A veces me pongo de puntillas como una bailarina y doy tres vueltas, siempre tres vueltas, y entonces mi ropa cambia por vestidos impresionantes.
Pero hay un sueño que sé que me acompañará hasta el día en que me marche de este mundo.
Llego a una nave espacial y escucho gente llorando y quejándose. Todo transmite angustia. Y allí, en un rincón, está mi madre, desnuda y cubierta de sudor. Todavía recuerdo las gotas cayendo sobre su piel cuando la abracé, la cogí en brazos y me la llevé de allí.
Ya no me pregunto por qué tengo estos sueños o estos viajes. Simplemente los vivo y los disfruto. Aunque a veces me gustaría saber interpretarlos… o tal vez no haga falta.