Cuando canalizo, siempre intento cuidar mucho la energía.
Aun así, hay mensajes que atraviesan más de lo que esperaba.
Con esta reflexión me pasó algo especial. Mientras la grababa, podía sentir —cada uno a su manera— las emociones que se mueven cuando se atraviesa la depresión. No como algo mío, sino como una resonancia compartida.
Pero hubo un momento que me desbordó.
Cuando el mensaje decía: “Esto no es para atravesarlo tú solo”.
Ahí no pude dejar de llorar.
No porque yo haya vivido una depresión, sino porque he acompañado a personas muy queridas en procesos muy delicados. Y al volver a escuchar la reflexión, comprendí la hermosura del mensaje: cuando alguien empieza a sanar, aunque sea un poco, ese movimiento no se queda solo en él. Algo alrededor también se alivia. Algo más respira.
Por eso este espacio no es para explicar ni aconsejar.
Es para hablar bajito.
Para no caminar solos.
Si te apetece, me encantaría leerte.
No porque necesites una respuesta.
Ni para decirte qué hacer.
Solo para escuchar qué sentiste tú al escuchar esta reflexión.
Si te removió, si te alivió, si te incomodó… o si simplemente te acompañó.
Ya que sea lo que sea, nos enriquecerá a l@s dos.
Si aún no la has escuchado en voz, puedes hacerlo aquí: La depresión como aliada
Gracias por estar 🤍

La verdad es que, la reflexión sobre la depresión, me ha hecho pensar y recordar sensaciones, pero también me ha hecho cuestionarme algo que nunca me había cuestionado.
ResponderEliminarYa hace mucho tiempo de esto y puedo decir que, tener depresión, no es nada agradable. La vida, de repente, se vuelve más difícil de vivir, nada es como tiene que ser, o por lo menos eso te parece. Te das cuenta que la vida ya no te pertenece.
Cuesta vivir, respirar, cuesta comer, caminar, cuesta vestirte, bañarte, cuesta pensar y sobre todo, cuesta sostener el volumen de lo que sientes.
Todo se magnifica, hacia arriba o hacia abajo indistintamente. Desde el aquí y el ahora puedo ver que me desdoblé, perdí el volante de mi cuerpo emocional, físico, energético…y no era capaz de volver a reconducirlo, ni siquiera sabía en qué momento había aprendido a conducirlo, ni cuándo había perdido el control.
Claro que hubo un evento traumático, pero cómo pasé a abrumarme tanto, aún sigo sin entenderlo.
Creía que estaba sola, que nadie me veía, que la vida ya no tenía sentido, pero después de escuchar tu reflexión, puedo reconocer que eso jamás fue así, quizás no era lo que en ese momento mi descompuesto cuerpo quería, pero siempre estuve rodeada de manos que me sostuvieron, que me alimentaron, voces que me arrullaron y me susurraban preciosas baladas de amor, ojos que veían y que buscaban verme para recordarme que existía.
Mi depresión no fue solitaria, no fue en vano, mi depresión me llevó de viaje, quizá fue el viaje que más me despeinó y me rompió por dentro y por fuera, pero mi depresión me devolvió la presencia, el amor propio, las ganas de vivir y la fuerza que, un día sin darme cuenta, había perdido.
Gracias por compartir algo tan profundo y tan verdadero. 🤍
EliminarTu relato transmite el peso real de la depresión, pero también la enorme conciencia que has ganado al atravesarla. Qué poderoso poder mirar atrás y reconocer que, aunque te sentías sola, nunca lo estuviste del todo.
A veces no entendemos cómo algo nos desborda tanto, pero sí podemos honrar lo que nos enseñó. Si ese viaje te devolvió la presencia, el amor propio y las ganas de vivir, entonces hubo en ti una fuerza inmensa incluso cuando no podías verla.
Gracias por ponerle palabras a algo que a muchas personas les cuesta nombrar. 🌿 Te abrazo.